Los discípulos de Jesús pensaban que le hacían un favor al Maestro al apartar de éste a las Madres que con sus niños se acercaban para que los bendijera y también los sanara. Pensaban que el Maestro debía concentrarse mas bien en refutar los argumentos de los Fariseos que continuamente lo acediaban buscando ocasión para atraparle, en las curaciones, en los milagros, en cosas de “mayor importancia”.
Dedicar tiempo a los niños no era lo que precisamente estos “buenos”, “diligentes” y “preocupados” discípulos tenían en mente que haría Jesús. Pero el Maestro les llamó la atención y les corrigió con amor, pero enérgicamente. Les mostro que solamente si tenemos las características de los niños podremos entrar en el reino de los cielos.
De la misma manera, aunque en un contexto diferente, Jesús se encontró con uno de los Doctores de la Ley Judía, “un principal entre los judíos” Juan 3:1; quien se suponía debía ser el intérprete de la palabra de Dios. Uno que estaba llamado a instruir al pueblo en los principios Divinos.
En su encuentro nocturno con el Maestro, este alto Dirigente y Funcionario fue compelido a “nacer de nuevo” [ser como un niño] para poder entonces “entrar en el reino de los cielos” Juan 3:5.
En su Ministerio de tres años y medio en la tierra, Jesús tomo tiempo para dedicárselo a los niños. Demostró que no se está nunca tan ocupado como para no atender las necesidades de los mas pequeños. No fue una excusa para él el estar debatiendo cuestiones morales con los Fariseos. En medio del debate entre lo moralmente correcto e incorrecto a los ojos de los hombres, el Creador fija su vista en esas pequeñas criaturas suyas que también buscan la forma de llegar a él.
Como seguidores de Cristo estamos llamados, de la misma forma que lo hizo él en su momento, a dedicarle mas atención a los niños. A no estar distrayéndonos con diatribas con aquellos que no están de acuerdo con nuestras creencias.
Nuestros hijos se pierden frente a nuestros ojos. Se nos van escapando como el agua entre los dedos. Un día despertamos y vemos que ya son mayores de edad y que no tenemos ningún control sobre ellos. Vemos que son vanos los esfuerzos para traerlos a los brazos del salvador. Pero fue que olvidamos que cuando niños ellos quisieron llegar hasta los brazos de Jesús y nosotros se lo impedimos. No quisimos que “molestaran” al Maestro con sus niñadas.
Es que nosotros pensamos que los niños no entienden de cuestiones celestiales, pero nos olvidamos del discurso de Jesús a Nicodemo: “solo al nacer de nuevo [como niño] entraremos en el cielo”.
Cuando niños es que sus mentes pueden ser impresionadas mas facilmente, al escucharnos contarles historias acerca de Noe, Abraham, Jose, Moises, Jacob, Sanson, David, Salomon, y otros tantos hombres que dejaron sus huellas en las paginas de las historias biblicas.
Sus corazones arderan al vivir en sus mentes la narracion de tales historias y los prepararan para afrontar las dificiles situaciones que cuando adultos tengan que vivir, pues estas vendran a su memoria y sabran que asi como Dios suplio todas las necesidades de aquellos hombres tambien suplira las de ellos, los prepara para depeder y confiar plenamente en él.
Daniel junto a sus tres amigos pasaron mucho tiempo a los pies de los maestros escuchando las historias de sus antepasados. Jose en los pies de Jacob escucho como Isaac, Abraham y otros antes que ellos fueron librados por el mismo Dios.
Escuchando estas historias Jose fue preparado para llegar a ser el Primer Ministro de Egipto en los momentos mas cruciales de su historia y la de su pueblo. Escuchando estas historias fue que Daniel y sus amigos pudieron permanecer firmes cuando todo el pueblo se postraba ante la gran imagen de Nabuconodosor. Escuchando estas mismas historias, contadas por cada padre, es que los niños creceran entre los brazos del Amante Salvador.
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